El Mundo.es - Chronique de Javier Martinez
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18 de abril.- Rafael Nadal, ya cinco veces finalista en Montecarlo, es humilde además de ser número uno; no es número uno porque sea humilde. Hay sentencias cargadas de moralina en las que se establece como condición indispensable para alcanzar el éxito la permanente aplicación en el trabajo y la modestia como virtud inexcusable. No es así necesariamente.
Roger Federer fue un número uno sin distinguirse especialmente por esos atributos, sino por el derroche de talento. John McEnroe era un tipo soberbio y malencarado al que no le gustaba demasiado entrenar, un pésimo ejemplo como deportista. Nadal, además de poseer unas condiciones excelentes para la práctica de este juego, es un tenista modélico fuera de la cancha, que tiene a gala su dedicación y el respeto por el adversario.
Lo fue Murray, que prospera a gran velocidad. El escocés volvió de 5-2 abajo hasta forzar el desempate en el segundo set. Salió fortalecido de sus primeras semifinales en un torneo de tierra batida. El pasado año su máximo logro fue llegar a octavos en el Principado y en Hamburgo, donde Nadal le derrotó con mayor comodidad (6-3 y 6-2).
Hizo segunda ronda en el Godó y en Roma y tercera en Roland Garros, vencido entonces por Nicolás Almagro. Aún hay una distancia considerable entre él y el gran hombre de la a. También tiene ganas de aprender, actitud, además de habilidad. Y, por último, es humilde, aunque a veces pudiera no parecerlo.
rcilla, pero el escocés sigue creciendo

