Diario de Mallorca - Economie et tourisme...
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MATÍAS VALLÉS
El infierno es tener 23 años y que te digan "con lo que tú has sido". La precocidad se le ha vuelto en contra a Rafael Nadal, el ciudadano de Balears que más dinero ingresó por su actividad en
2008. Para premiar ese récord, el Govern Antich le entregó... más dinero. En concreto, nueve millones de euros repartidos en tres años –seis para él, tres en gastos–. El tenista nos cuesta un
millón y medio de pesetas al día, equivalente a trescientos parados. Es una suma bien empleada, porque su labor promocional ya nos ha librado del siempre engorroso turismo francés, después de que
su tío llamara "estúpido" al público de Roland Garros.
Nadal le cuesta a Balears lo mismo que a Nike, la generosidad de Antich le llevó a abonar incluso las fotos que el tenista se hizo junto a su candidato Matas en la campaña electoral. Sin embargo,
la pronta eliminación en París y la ausencia de Wimbledon nos autorizan a suplicarle al campeón una rebajita en sus emolumentos públicos, sin que el descuento le arrebate su título de funcionario
mejor pagado de la comunidad. Estamos seguros de que somos redundantes, porque los abogados del desprendido Govern ya debieron prever la contingencia de una lesión, que disminuyera el impacto
mediático del mallorquín más famoso de todos los tiempos.
Nadal puede replicar que se ha batido durante meses en nombre de Balears y que, si hemos de dejar de pagar a los presidents, consellers y asesores que no justifican mínimamente su sueldo, el
presupuesto de la Comunidad se reducirá a quinientos euros. La confusión surge aquí de pensar que los altos cargos cobran por no trabajar, cuando cobran para no trabajar. Tampoco podemos
descartar que el tenista demande a su primo Miquel Nadal, dado que el contacto con el conseller de Turismo –que amenazaba con visitar Wimbledon– ha repercutido catastróficamente en su carrera
deportiva. A la espera de rebajas, nos mantendremos en que el dolor del campeón no es muscular, sino psicológico. Para sobreponerse, deberá derrotar a su entorno.
