El Mundo - Chronique de Javier Martinez
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10 de julio de 2009.- Alemania esgrime su perfil guerrero y orgulloso en una eliminatoria en la que partía en franca desventaja. Incluso sin Nadal y sin Ferrer, España arrancaba como clara favorita para resolver sin demasiados problemas el cruce de cuartos de final del Grupo Mundial y proseguir su camino hacia la revalidación del título logrado el pasado año ante Argentina en Mar del Plata.
La victoria parcial de Israel ante Rusia, 2-0, abriría aún más el camino, pues sería el conjunto judío quien rendiría visita a nuestro país en las semifinales en lugar de que los de Albert Costa debieran hacer frente a un viaje a Moscú.
Andreas Beck puso las bases de la resistencia germana con su formidable partido ante Fernando Verdasco, que a punto estuvo de verse sorprendido por un 'rookie' en la competición. Algo que ver en la impecable actuación de Kohlschreiber tuvo que ver el empuje de su joven compatriota en el encuentro inaugural, su determinación a la hora de intentar demostrar el acierto en la arriesgada decisión del capitán.
Tommy Robredo evidenció una vez más que le pesa la camiseta cuando se trata de defender los colores nacionales. Apenas existió ante un adversario al que había vencido en sus cuatro disputas precedentes. Hay buenos jugadores a los que les viene grande la competición y tenistas discretos que crecen con ella. Robredo pertenece a la primera categoría, la de los que se arrugan ante la responsabilidad, la de aquellos a los que les puede el apoyo de la hinchada, en lugar de relanzarlos.
Nada que objetar a la decisión de Costa de alinearle como número dos: todos los datos avalaban su elección. A Beck terminó por vencerle su primer partido de Copa Davis y la primera
confrontación de su corta vida en la que se agotaron los cinco sets. Verdasco tiró de experiencia y terminó por demostrar que soporta la etiqueta de líder que le toca lucir en esta ocasión.
Mantiene buena parte de la credibilidad obtenida el pasado noviembre en Mar del Plata. Robredo no ha sabido propulsarse desde la Davis, aprovechar su efecto, cumplir con su papel y dar un paso
adelante en una carrera tibia, que se consume en medio de la discreción, sin responder casi nunca cuando más se le aguarda.
