Diario de Mallorca - Analyse...
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ALEJANDRO VIDAL
No se ha abierto la veda para los agoreros que especulan con el futuro de Rafa Nadal, pero si es oportuno recordar que, hace ya más de un año y medio, Toni Nadal expresaba su temor a la evolución
progresiva de los problemas físicos que entorpecen la trayectoria de su sobrino, en una amplia entrevista concedida a este diario y transcrita por Ricard Cabot.
Dicho ésto, debemos ser prudentes y esperar. Los acontecimientos, por preocupantes que parezcan, no permiten aventurar el inicio de un declive, ni constituyen síntomas de alarma más allá de lo
que supone no pisar la tierra de Wimbledon para defender el liderato del tenis mundial. Y aunque así fuera, no limitan la condición humana y señorial del tenista de Manacor, como tampoco merman
el extraordinario mérito de sus conquistas.
Al campeón olímpico mallorquín le pesa, entre otras cosas, la durísima temporada que tuvo que afrontar a lo largo de la campaña del 2008. París, Londres, los Juegos Olimpicos, la Copa Davis y, en
su conjunto, una responsabilidad creciente. Este año todavía hizo llorar a Federer en Australia. Quizás ese haya sido su error o el de quienes programan su calendario: un exceso de compromisos
alguno de los cuales seguramente era prescindible.
Los aficionados lamentamos este paréntesis que resta emoción a los torneos, audiencia a las televisiones y devalúa el mejor tenis. Siempre habrá sido bonito mientras duró. Y lo que, sin duda, aún
queda.
