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El Mundo.es - Chronique de Javier Martinez

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El peaje de la sobreexposición
Nadal, durante su encuentro de exhibición ante Wawrinka. (Foto: EFE)

Nadal, durante su encuentro de exhibición ante Wawrinka. (Foto: EFE)

20 de junio.- Hace pocas semanas, después de levantar tres pelotas de partido contra Novak Djokovic en las semifinales del Masters 1.000 de Madrid, el porvenir de Rafael Nadal seguía adivinándose esplendoroso. Campeón por primera vez en el Abierto de Australia, quinto título en Montecarlo y en el Conde de Godó y el tetra en el Foro Itálico de Roma.

Un grande de otro color en su vitrina, tras los cuatro títulos de Roland Garros y el logrado en Wimbledon, otro curso camino de resultar inmaculado sobre arcilla y las lógicas especulaciones lanzadas desde el periodismo y manejadas por los aficionados sobre sus posibilidades de hacerse con los cuatro majors, incluso en un mismo año natural.

Roland Garros parecía territorio abonado, más aún después del discurso hegemónico emitido nuevamente en los torneos previos de arena. Sólo Roger Federer se atrevió a poner un pero en la Caja Mágica, con las particulares condiciones de la capital de España. París habría de ser otra cosa, como bien dijo el propio Nadal, aprovechando para destacar de nuevo, como había hecho de manera vehemente antes de iniciarse el torneo, la especificidad de éste.

El 31 de mayo Robin Soderling protagonizaba una de las noticias tenísticas, y si cabe deportivas, de mayor alcance en los últimos años al derrotar en octavos de final de Roland Garros a Rafael Nadal, el campeón de las últimas cuatro ediciones. Cinco días después, el español comunicaba que no defendería su título en Queen's debido a los dolores en sus rodillas.

El pasado martes viajaba a Londres en un avión casi medicalizado con la intención de poner todos los medios para jugar Wimbledon. Ayer (por el viernes 19 de junio) hizo público que no estaba en condiciones de disputar el tercer grande de la temporada.

En menos de tres semanas, la figura de Rafael Nadal se ha desinflado de manera extraordinaria, ha pasado de esas lógicas hipótesis con sones de mayúsculo, precoz y casi exclusivo ingreso en los libros a las dudas sobre la longevidad de su carrera, muy condicionada por el desgaste físico. Nadal dejó pasar la oportunidad de convertirse en el primer hombre en ganar cinco títulos consecutivos en París. En Wimbledon corre el riesgo de perder su condición de número uno del mundo, lo cual se producirá en caso de que Roger Federer gane el título por sexta vez.

Seguramente su entorno ya maneja soluciones, más allá de las más urgentes para que se recupere en condiciones, con el Abierto de Estados Unidos a la vista. La racionalización de su calendario se hace imperativa, por mucho que en algún caso haya de vulnerar el reglamento, algo realmente sencillo con un simple parte médico.

Será difícil volver a verle en el Conde de Godó, el torneo que volvió a jugar por lealtad a su club, el Real Club de Tenis Barcelona. Será difícil que se deje caer nuevamente por Madrid, donde acudió a regañadientes, bajo la presión de lo impopular que hubiera resultado su ausencia. Nadal apuntó nuevamente hacia el Madrid Open a la hora de encontrar las razones que le impedirán jugar en Wimbledon. Estuvo incómodo de principio a fin en la Caja Mágica, molesto con la altura, con las precarias condiciones de un torneo que estrenaba sede y merecía mayor comprensión, hosco con los periodistas, actitud bastante habitual en los últimos tiempos, sea cual sea el lugar.

La sobreexposición competitiva, mediática y mercantil, no siempre justificada, ha influido lo suyo en este triste parón en un momento crucial de la temporada. Le ha resultado muy difícil soportar las formidables demandas en todos los frentes. Nadal no jugará Wimbledon, por una lesión muy similar a la que le impidió disputar la Copa Masters y la final de la Copa Davis a finales del pasado año. Su regreso fue espectacular, con la ristra de éxitos mencionada, en la que venía siendo la mejor temporada de su vida. Las alarmas han vuelto a saltar en esta ocasión, si cabe con mayor sonoridad.

No hay motivos reales para pensar en que su vuelta no pueda resultar triunfal, ni mucho menos para debatir, como se ha hecho de forma harto disparatada, sobre el crepúsculo de un deportista que acaba de cumplir 23 años. Sí los hay para reconsiderar bastantes cosas y presentar un proyecto renovado de jugador, más cauto, con una proyección a largo plazo, incluso aunque haya que sacrificar algunos de los objetivos inmediatos, con sus consecuencias jerárquicas en el circuito.

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I
Bien vu Lil  Toute ces heures d'exposition de leur "swoosh" qui vont être perdues...Et s'ils profitaient de cette longue pause pour revoir la collection automne/hiver?
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L
Et ben ce soir j'ai mauvais esprit  je regarde la photo de Rafa tout en blanc, mmm , avec son COL et son swish et je dis: "tant pis pour Nike", nananère, gnarf, gnarf, gnarf!!!!
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